Josefina dio la última puntada y sonrió
satisfecha, los botones de coral destellaban en la blancura del vestido. El encaje hecho por sus manos resultaba ser
el marco perfecto para sus botones.
Sus botones…los acarició suavemente con el
dorso de su mano regodeándose con la caricia, esos botones eran su mayor
tesoro, esos pequeños redondeles rosados era el único recuerdo material que le
quedaba de su madre.
Su madre…la recordaba joven, bella siempre
con una sonrisa en los labios y las manos prestas a acariciar…junto con su
padre y su hermano mayor, Francisco eran una familia feliz, pero un día el
destino irrumpió con la fuerza de un vendaval y barrió con todo a su paso.
Roma, 1943. Ella jugaba en el pasillo frente
a su departamento con unos botones que le había dado su mamá cuando sintió
golpes, gritos, los vio antes que la vieran, eran hombres armados vestidos de
oscuro…se quedó quieta sin saber qué hacer ni que esperar….cuando estaban por
llegar a ella unas manos fuertes la levantaron y la entraron a un departamento.
La mujer dueña de esas manos fuertes y
generosas, le explicó que esos hombres buscaban judíos como ellos para
deportarlos a los campos. Eran mercenarios a los cuales les pagaban por cada
judío que entregaban.
La familia de esa mujer, incluida
Josefina, decidieron dejar su querida tierra que ya no los pertenecía y buscar
nuevos horizontes. Josefina recuerda el largo viaje en barco, los primeros días
en un país extraño con un idioma diferente, con otras costumbres pero un país
que los había acogido sin preguntas, sin persecuciones….Ella poco a poco se fue
adaptando, sintiéndose parte de eses país.
Dio la última mirada al vestido y se imaginó
a Manuel esperándola, Manuel su gran amor de manos fuertes y alma cálida,
Manuel amante de los árboles y los pájaros, Manuel de sonrisa generosa y ojos
chispeantes...
Comenzó a cambiarse, hoy era su gran día, hoy
se casaba.
1 comentario:
me emocionó...
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