jueves, 4 de septiembre de 2014

Día del Inmigrante / archivo de la escuela




"En las crecidas rosas de tu progreso
hay un poco de sangre de mis abuelos
que llegaron soñando con el regreso
y eligieron morirse bajo tu suelo".
Eladia Blázquez.
En: Gálvez, Lucía. Historias de Inmigración.


Mi bisabuela traía el mar mediterraneo en la mirada...


.......y el sol del verano italiano en la sonrisa. Soñaba con un baúl de madera que la compañia naviera le había extraviado cuando se embarcó para "hacer la América" en el guardaba su traje de novia y las sábanas (bordadas por ella misma) de su noche de bodas. Mi bisabuela tenía nombre de novela española del siglo XIX: Fortunata, pero en algún momento de su vida se le perdió y paso a ser La Mamma. Si la Mamma con mayúscula. Crío a tres varones y cuatro mujeres. Los hombres fueron honestos, leales y trabajadores; las mujeres hacendosas, serviciales y cariñosas, tal como se esperaba en esa época. Fortunata olía a albahaca y naranja. Sus manos nunca estaban ociosas: limpiaban, cocinaban, bordaban, acariciaban la cabeza de tantos nietos que a veces olvidaba quién era quién. Ella sola amasaba los fideos de los domingos para su inmensa familia. Sus hijos la trataban de riguroso usted, pero sus nietos de mamma, con ellos compartía el radioteatro de la tarde y el mate. Un día Fortunata dijo:-Estoy muy cansada y se fué a dormir. No despertó, tenía 94 años. Yo no la conocí pero ella vive en las historias que me cuenta mi mamá, en las recetas que fueron pasando de generación e generación, en sus bisnietos...Como dijo un conocido escritor mientras a uno lo recuerden no morirá.

        Andrea (MR)

7 comentarios:

Lucrecia Traverso dijo...

Que lindo homenaje seño!!!!

Bibliotecari@, Andrea.- dijo...


Hay seño, se me hace nudo en la garganta....

Y no puedo dejar de recordar a mi abuela Rosa ( me permito poner unas palabras sobre ella...las escribí hace tiempo, pero las guardo en el corazón)

Tarde de otoño.
Al entrar, me impresioné.
Mi abuela hacía años que estaba mal. Sí mi abu, la del café con leche, los tejidos, las tardes de novela con masitas al lado de la cama de mi abu (su compañero desde que llegara de Italia), la de los retos y las canciones en genovés y los ojos verdes y los días claros y seguros y los bordados para vender y los juguetes para armar y entregar y, y ,y…la que me hacía la cama cuando me iba a estudiar y después…y después cuando el camino me llevo a enseñar.

Los almohadones amorosos y al tono con el edredón, dejaban asomar la perfección del doblez de sus sábanas perfumadas conocedoras de noches interminables de descanso, sueños, vida misma. La distancia del borde hacia el centro, la tirantez de las sedas, lo mullido en el lugar correcto. Era un claro equilibrio de luces y sombras. Y dedicación, más la pizca de cariño perfecta que la abu siempre guardaba junto con sus lanas en un bolsillo del delantal y que sacaba mágicamente según la ocasión lo requiriese. Siempre igual, cada día. Perfecto y realizado para esperar aprobación.

Tarde de otoño.
Al entrar en la habitación quedé confundida.
La abu hace mucho que no nos responde, no nos conoce, que nos abandonó en su mundo interno desordenado y caótico, hace mucho que dejó de ser ella.
Mundo extraño plagado de placeres pero a la vez de enfermedades y lágrimas. Y de tiempo transcurrido. Y de historias propias y ajenas. Como la de Abu, la abu que no pudo bajar de ese barco porque era 9 de julio y debieron quedarse un día maaaás atrapadas, junto a su madre y hermana, a orillas de un país extraño pero prometedor.
Y de mi historia, hoy, entre generaciones que tristemente se van y las que vienen, en un batallar intenso y una intelectualidad que a veces asusta.

Entonces?

Entonces vi la carita de mi hija, pequeña, sonriente.
Entendí. Sí, entendí todo de repente, como si una película pasara por delante de mis ojos. La nona nunca dejó de ser ella. Nunca dejó de enseñar. Lo llevamos todo en los genes. Y además nunca va a abandonarnos.
Gracias. Gracias nona, gracias hija.

andrea dijo...

Dos historias hermosas!!!
gracias por compartirlas
Andrea

Seño Rosana dijo...

Imaginen la confusiòn que ella tiene, cuando se le cruza el mar mediterràneo en medio de avenidas señalizadas con semàforos numèricos y sonoros...
Cuando vienen a su mente intermitentemente, los bordados en los repasadores que hoy cuelgan en mi cocina o lucen almidonados, guardados, para ser exhibidos vaya a saber cuando, cuando vengan las visitas y la gente en cambio, cambia las visitas por pasear entre el ruido de la jungla o ver salir de la pantalla a gigantes movidos por computadora...
Cuando un barco que tardò màs de un mes la dejò anclada en un puerto que jamàs habìa podido imaginar:- el puerto tenìa apenas a unas cuadras, un tranvìa que lo atravesaba, y su puerto, su puerto escondìa cientos de piedras, arena muy blanca y un mar celeste esperanza.
Sigue amasando para todos, haciendo tortas batidas a mano, poniendo mantelitos para la hora de lo ùnico que jamàs discute si es de acà o de allà: el mate, y te sirve un stretto perfecto en tazas de porcelana porque, obvio, las otras le cambian el sabor.
Mi vieja siempre hizo que mi mente fuese una especie de cine de barrio, nunca puedo dejar de ver los capìtulos aquellos cuando paseaba de punta en blanco, vestida como para ir a misa, y sòlo eran las cinco de la tarde de un verano cualquiera, pero siempre, siempre, apercalinada, salìa a la vereda a ver florecer los tilos.

Bibliotecari@, Andrea.- dijo...

lindas historias...
si quieren sumarseee....

Bibliotecari@, Andrea.- dijo...

lindas historias...
si quieren sumarseee....

Lorena y Adriana dijo...

Qué lindas historias!!!
Me encantó Fortunata! Yo tengo dos abuelas de 87 y 95 años respectivamente que también cruzaron el Océano y recuerdan y añoran su Galicia natal...
Hermosos recuerdos :)
Besos
Lorena