jueves, 6 de mayo de 2010

Quiero compartir con ustedes los escritos que recibimos en este otoño.-


Brisa fresca que entra por mi ventana, comienzo a necesitar el roce de una frazadita mullida. El rayo de sol que impedìa continuar durmiendo, se va debilitando y da paso a los estremecimientos que provoca la mañana màs fresca.

La tristeza que nos da el paisaje amarronado de las hojas secas que se rinden, que aceptan que llegò su hora, sin embargo, es la promesa que dentro de las ramas de los viejos àrboles todavìa hay vida. Cada hoja que cae, da permiso al futuro brote primaveral, cada hoja que cae anuncia que siempre hay oportunidad de comenzar de nuevo...
Rosana Colombo.- Maestra séptimo grado


Tarde de otoño.
Al entrar, me impresioné.
Mi abuela hacía años que estaba mal. Sí mi abu, la del café con leche, los tejidos, las tardes de novela con masitas al lado de la cama de mi abu (su compañero desde que llegara de Italia), la de los retos y las canciones en genovés y los ojos verdes y los días claros y seguros y los bordados para vender y los juguetes para armar y entregar y, y ,y…la que me hacía la cama cuando me iba a estudiar y después…y después cuando el camino me llevo a enseñar.
Los almohadones amorosos y al tono con el edredón, dejaban asomar la perfección del doblez de sus sábanas perfumadas conocedoras de noches interminables de descanso, sueños, vida misma. La distancia del borde hacia el centro, la tirantez de las sedas, lo mullido en el lugar correcto. Era un claro equilibrio de luces y sombras. Y dedicación, más la pizca de cariño perfecta que la abu siempre guardaba junto con sus lanas en un bolsillo del delantal y que sacaba mágicamente según la ocasión lo requiriese. Siempre igual, cada día. Perfecto y realizado para esperar aprobación.

Tarde de otoño.
Al entrar en la habitación quedé confundida.
La abu hace mucho que no nos responde, no nos conoce, que nos abandonó en su mundo interno desordenado y caótico, hace mucho que dejó de ser ella.
Mundo extraño plagado de placeres pero a la vez de enfermedades y lágrimas. Y de tiempo transcurrido. Y de historias propias y ajenas. Y de mi historia, hoy, entre generaciones que tristemente se van y las que vienen en un batallar impresionante con el progreso incesante y una intelectualidad que a veces asusta.

Entonces?
Entonces vi la carita de mi hija, pequeña, sonriente.
Entendí. Sí, entendí todo de repente, como si una película pasara por delante de mis ojos. La nona nunca dejó de ser ella. Nunca dejó de enseñar. Lo llevamos todo en los genes. Y además nunca va a abandonarnos.

Gracias. Gracias nona, gracias hija.

Andrea Banegas.- Bibliotecaria

Hojas doradas por el otoño pero aún intactas en su forma, parecen resplandecer en las veredas. Aún caidas conservan su dignidad, nacieron en una primavera dulce, cálida, llegaron a su esplendor en el verano,se dejaron mecer por la brisa, sombrearon juegos de chicos, besos apasionados, amores desencontrados y ahora en el otoño se dejan caer, sabiendo que cumplieron su ciclo vital, que otras hojas tomaran su lugar.Me pregunto ¿podrá ser mi final tan digno como el de las hojas de los árboles?.

Andrea Abeledo.- Maestra Recuperadora

OTOÑO

Por un camino largo
color habano
juntando margaritas
se va el verano,
y se quedan los duendes,
abril y mayo,
haciendo los deberes
sobre un zapallo.

No es de mi autoría, pero me gustó!

Mi recomocimiento a quien puede crear, las felicito a todas!!!!

Andrea Ferreño. Prof. Inglés.-

Què bueno señorita Andrea!!Què bien expresados los sentimientos hacia la abuela!Se lo dice alguien que no conociò a sus abuelas,fisicamente, pero me ha hecho reflexionar.Quizàs las conocì,no solo por los genes,sino por las enseñanzas que heredè transmitidas por mis padres.Descubrimientos de otoño....

Beatriz Carballo. Docente de la esc. jubilada.-

Todas las estaciones del año tienen su encanto.


Del otoño espero esos días ventosos en donde alguna hoja amarilla planee hasta el piso y se junte con otras; y al caminar sobre ellas escuchar el ruido que hacen al quebrarse.
Son días para caminar de la mano: enamorados, hijos y padres, hasta un perro llevado con la correa...
Una linda estación para vivirla sin la tristeza del recuerdo del verano y sin anticiparse al no tan querido invierno.

Mariano Barberán Zangaro. Docente.-

1 comentario:

mcristina dijo...

La verdad que me encantaron todas las poesias. Pero la que mas me gusto fue la de la profe ROSANA COLOMBO. Igual aclaro que todas me pareciron magnificas.
BRENDA.